Crianza

Embarazo

La maternidad me llegó como a todas. Como una sorpresa, como un regalo. Porque aún si se planifica lo es. La maternidad es una puerta que se abre, son los ojos y el corazón los que se abren.
El otro día me preguntaron qué era lo más difícil de ser mamá soltera. En un primer momento y a modo hasta de humor pensé que era ser soltera. Luego reflexioné y pensé que lo más difícil era ser “mamá”. Porque soltera o casada, en pareja, lo más difícil de todo es ser madre. Desde el primer momento, desde la noticia de la llegada de un hijo a la vida de una.

Un hijo, como todo en la vida, llega cuando tiene que llegar y debemos ser sabios para abrir los brazos y recibirlo. Como a todo en la vida también.

Cuando me enteré de la llegada de Mirula no estaba en pareja. Estaba volviendo a la casa de mi madre luego de vivir sola un tiempo. Era casi nueva en el trabajo y mi corazón se debatía entre dejar ir a un chico que amaba pero que ya se había transformado en una especie de capricho.

Para mi cumpleaños número 27 fui a pasar unos días de playa (y de frío) a Mar del Plata con mi prima. Sin saber por qué, ella cocinaba fideos y el olor me daba arcada. Uno de esos días decidió cocinar una tarta de jamón con queso y huevo. Y ahí estaba yo de nuevo. ¡Me daba asco de tan sólo nombrarlo! Pensé que era el desamor lo que me había caído mal. Las llamadas a la distancia tratando de recomponer algo que ni siquiera se había quebrado porque nunca había sido algo concreto. Algo debía ser.

Cuando llegamos a un shopping, voy al baño y le digo a mi prima que me tenía que venir el periodo pero que sólo me había venido muy poquito. Algo raro en mí. Ella me miró con cara de sorpresa y dijo “Así me pasó a mí cuando estaba embarazada de Tommy”, su hijo. No le dimos importancia en ese momento. Pero ni bien regresé me hice un test de embarazo y las dos rayitas me dieron la noticia. Recuerdo que ya me había hecho otros antes, siempre con la vista atenta y la mirada fija en el sector donde se marcan las líneas. Esa vez no miré. Leía una revistita con promociones de una farmacia. Cuando me di cuenta de que estaban ahí las dos rayas, sentí cómo explotaba mi corazón.

Lo demás fue una llamada, una visita en medio de la noche. Un debate inútil cargado de no puedo y no quiero. Yo, con todo el miedo del mundo tomaba de decisión de seguir adelante aún sola. Con todo lo que eso implicaba.

El Universo había escuchado mi deseo de ser madre, casi eterno por cierto, heredado del designio divino de mi mamá de tener un hijo y querer hacer las cosas bien. Comencé así a transitar un embarazo con algunas incertidumbres pero con la certeza de que estaría atravesando la experiencia más movilizadora de mi vida.

Lo más difícil de ser madre soltera es ser madre. Ser una madre “consciente”. Porque soltera no significa sola. De hecho, empecé a ver con claridad a todos los que me acompañaban en el camino de mi historia. Empecé a verlo casi todo. Lo primero que vi es que cuando vas a ser mamá, no estás nunca más sola. Ganás un maestro de por vida. Tengo la maestra más hermosa de todas.
Gracias, Mirula, por haberme elegido como mamá.

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