maternidad consciente

Viajes con pequeños

Si bien en mi vida tuve varios momentos de cambio y reestructuración, que me marcaron para siempre, ninguno como estos dos: mi maternidad y el primer viaje largo con Mirula a Nueva York. Supongo que fueron tan fuertes por varias razones. Por un lado, llevo mi deseo de ser mamá desde siempre, para mí era más que una elección, era hasta algo que llevaba intrínseco desde que vine al mundo. Debe ser porque fui amada desde siempre por mi mamá, su amor hacia mí es incondicional, atemporal, hasta infinito. Para mí ser una mamá que ama es hasta natural.

El deseo de viajar a Nueva York no sé de dónde vino. Pero siempre que veía una película cuando era chiquita o veía una foto o se hablaba de Nueva York, el corazón me latía más fuerte. Se transformó en un sueño que tenía que cumplir. Tarde o temprano yo iba a andar por esas calles de grandes edificios, llenas de gente y luces. Sí, todo lo que odio de las ciudades lo tiene Nueva York. Entonces tenía más intriga. Por qué, aún sabiendo que todo eso no me gusta, de Nueva York me encanta. Debo ser sincera con ustedes y decirles que aún no lo descubrí. Supongo que es una ciudad (como muchas otras que pienso recorrer con Mirula) mágica.

Todos los caminos me llevaban a la Gran Manzana. Debe ser eso que pasa cuando deseás mucho algo. Todo el Universo se confabula para que lo veas por todos lados. En un paseo con compañeros del colegio para hacer un trabajo práctico me encuentro con un grupo de chicos que hacían un intercambio y quedé en escribirme cartas (¡qué antigua que soy!) con un chico ¿de dónde? ¡Brooklyn, Nueva York! Con la crisis económica y social en Argentina mi primo mayor decide irse del país a probar suerte en otro continente. ¿A dónde se fue? ¡A Nueva York! Si bien todo me llevaba a cumplir mi deseo, no sabía ni cómo, ni cuándo. Supongo que tampoco me animaba a ir. No tenía los medios económicos y cuándo pude, tenía los miedos que también son económicos, porque tener miedo es gratis.

La maternidad de Mirula me dio la fuerza para hacerlo todo. Para salir adelante de la crisis más fuerte de mi vida. Si yo pude parir, puedo. Ese es mi lema de fortaleza. Cada uno tendrá el suyo. Su propio mantra.

Hace unos días fue el aniversario de la muerte de mi tío Peto. También gracias a él viajé a Nueva York. Gracias a su vida, por seguir su ejemplo. Cuando se fue de este mundo, fue un golpe durísimo para nuestras vidas. Fue de repente y sin aviso. Se fue temprano. Lo necesitábamos más. Este mundo necesita más Petos por todos lados. No era mi tío de sangre pero a él me unen los sueños. Era un emprendedor, un soñador, un trotamundos. O un trotaArgentina pero da lo mismo. Cada vez que se le metía algo en la cabeza, lo lograba. Era un cabezadura. Así de hermoso era Peto. Su partida me hizo pensar en que fue cumpliendo todos sus sueños. Se ponía ideas locas en la cabeza con objetivos cortos y los cumplía. ¿Qué pasaba conmigo? Yo había sido bastante conservadora toda mi vida. Respetuosa a raja tabla de lo que los demás querían de mí, mi maternidad me había engendrado las ganas de patear el tablero. Ser yo. Y una de las cosas que yo quería hacer era viajar. La partida de mi tío Peto me hizo darme cuenta que los sueños se cumplen acá, en la Tierra. Con los pies en la Tierra y la cabeza en las nubes.

Así empezó a construirse la idea de que me podía ir Nueva York con la pequeña Mirula de tan sólo 1 año y medio en ese entonces. Lo primero fue soñar. Lo bueno del siglo XXI es que uno puede soñar despierto a través de internet. Podés construir tu casa, tu viaje, tu profesión a través de miles de imágenes e información que abunda e inunda en la web.

Así comencé a buscar precios de vuelos, qué se necesitaba para sacar una visa para viajar a Estados Unidos desde Argentina, qué se necesitaba para viajar con menores. Visité páginas de gente que viaja con niños pequeños. Tenía que sacarme el preconcepto de pensar que viajar sola con una beba era una locura. O que era una locura pero era una locura viable. Luego de revisar una y mil veces los precios, sacar cuentas imaginarias y en papel, lo resolví todo. Pediría un préstamo para viajar. Viajaría con Mirula y nos quedaríamos una semana en la ciudad y luego nos iríamos a los Hamptons, donde vive mi primo. En idea era super sencillo. Lo difícil fue ponerlo en práctica.

Una noche me estaba escribiendo una amiga de Gesell que estudiaba en Quilmes con la que compartía mi gusto por ir a recitales, muestras, eventos. La tía “cultural” de Mirula. Así le decía. No era de esas que había conocido desde pequeña, ni de las que se quedan a dormir en tu casa seguido, ni las que salís a bailar en toda tu adolescencia. Sin embargo el destino es sabio y ella era la indicada. De ahí nos trajimos una amistad para siempre. Esa noche me preguntó: “¿Vamos a ver a Charly García al Luna Park?”. Y yo le dije: “No, no puedo ir pero ¿no querés venir con Mirula y conmigo a Nueva York el año que viene?”. Se empezó a reír. Pensó que me había vuelto loca. Esbozó un “lo voy a pensar” casi negativo. Y la vida me jugó (y a ella también, después les contaré) a favor. Se separó de su novio de entonces y unos días después llegó la respuesta casi súbita: “Con tu tarjeta sacá los pasajes que con la mía sacamos el hotel”. Ya estábamos arriba del avión pero aún no habíamos caído. Lo demás fue sacar en cuotas el pasaje, llamar a mi primo y pedirle que me esperara dentro de unos meses por allí.

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PLANIFICAR EL VIAJE

Comparto nuestros primeros pasos:

  • Buscar la mejor oferta de vuelos en la web: ya teníamos referencia de que viajar “al lugar que soñaste” y comprar los pasajes online había dado buenos resultados. Recordá que los menores de 2 años no pagan pasaje. Sólo pagan un seguro (en ese entonces era sólo de 400 pesos argentinos) y éste es un gran punto a favor para viajar con los más chiquitos de la casa.
  • Buscar alojamiento: si bien íbamos a pasar la mayor parte de la estadía usurpando la casa de mi primo (previo consentimiento de él y su hermosa familia), queríamos recorrer unos días lo más turístico de Manhattan y alrededores. Para ello buscamos por todos lados. Terminamos por elegir un hotel que está bien ubicado, el Quality Inn Convention Center. En ese entonces era muy barato y también resultó ser bueno. ¡La pegamos! Pero si iría otra vez, alquilaría por Airbnb. Recomiendo ver lugares en Airbnb.com, donde podés alquilar departamentos, casas o habitaciones a locales y vivir tu estadía en la Gran Manzana como un verdadero newyorker! Tiene una excelente política de reembolso y si algo sale mal, tu host te cancela la reserva u otra cosa parecida, te ayudan a resolverlo a la brevedad.
  • Sacar el New York Pass: para mí esto fue un error. En mi caso, como mis visitas a los lugares dependían en ocasiones del clima para no exponer a Mirula a la lluvia o la nieve (fuimos en Primavera pero aún nevaba), no lo aproveché demasiado. Además hay días en los que los Museos y otras atracciones de la ciudad son gratis o “pay what you wish” donde uno le pone el precio a su entrada. Si sos de los que se anima a regatear en cualquier lado, podés visitar algunos de los museos más importantes del mundo por una entrada mínima. En conclusión: si vuelvo a ir, no saco el New York Pass.
  • Viajar con chicos a otro país si va sólo con uno de sus padres requiere de una autorización ante escribano público del padre que no viaja y legalizada ante el Colegio de Escribanos de la ciudad donde se emite. En el caso de viajar con ambos padres, sólo se debe llevar documentación original que avale parentesco: DNI, libreta de matrimonio, etc. En nuestro caso, al ser yo mamá soltera de Mirula, con que llevara su DNI (los nuevos documentos vienen con el nombre de la madre o padre impreso y la firma digitalizada del/a mismo/a) y su partida de nacimiento bastaba. Nada más. Ni nada menos.
  • La visa. Esto merece un apartado especial. Ahí vamos:

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Cómo obtener tu visa de turista para ingresar a Estados Unidos y no morir en el intento

El título parece exagerado pero no lo es. Obtener tu visa es un trámite super sencillo si hacés todo como te lo piden. Hay mucha gente que no cumple con lo que piden para sacarla y es rechazado en la embajada, así que atenti. Nosotras tramitamos la visa a través de ICANA (Instituto Cultural Argentino Norteamericano). El trámite a través de esta institución tiene un fee (costo por gastos administrativos) pero te asegurás de que alguien te esté guiando mediante el proceso de completar la solicitud. Una vez que completás con ellos la solicitud (formulario DS160), abonás la visa y el fee de ICANA, te llaman para pasarte los días  horarios de las entrevistas en la Embajada. Ahora son dos. El primer día te sacan la foto y toman tus huellas en el CAS (Centro de Atención al Solicitante). El segundo día de cita es la entrevista consular.

Importante: no es necesario que los menores de 14 años vayan a las entrevistas. Su madre, padre o tutor puede tramitar la visa con sus datos, su documentación y la foto obligatoria que piden para tramitarla. Las especificaciones de dicha foto se encuentran en la página oficial de la Embajada. Sacarle una foto a Mirula y que saliera como ellos pedían no fue difícil, ya que como irán viendo, ¡le encantan las fotos! Sacarlas y sacarse.

El día de la entrevista consular debés ir vos con tu persona y toda pero toda la documentación que acredite que existís, que vivís en Argentina, que amás a tu país y que vas a volver. Nada más. No hay que llevar ni llaves, ni celulares, ni cintos, ni llaves. Sólo vos, tu SUBE y toda la documentación original que avale tu existencia. Cosa que si la perdés o te roban en el camino o pasás  a ser Jason Bourne o vas a tardar muuucho tiempo en recuperarla. Pero es así, otra no queda. Aunque después llegués y no te pidan ni el documento, como me pasó a mí.

Es de suma importancia que al oficial del consulado no le digas ni una palabra de más. En general no son copados, se ven tensos y sólo están para hacer bien su trabajo. No le gustan los chistes ni las respuestas largas. Esto podría costarte un no para tu solicitud, así que aunque las respuestas impliquen sólo sí, no, blanco o negro, eso es lo que deberás responder. Una vez que te saludan por haber conseguido tu visa, felicitaciones ya tenés otro pie en el avión. Estás casi adentro. Digo casi porque al llegar a Estados Unidos te espera una fila extensa (si viajás en horario donde llegan varios vuelos, armate de paciencia) en el aeropuerto para pasar por Inmigración. Nosotras estuvimos 5 horas. Sí, cinco, donde Mirula tuvo tiempo de jugar, correr, saltar y demases hasta dormirse del aburrimiento antes de que nos dijeran “Welcome to America”.

Lo demás es una aventura de 15 hermosos días que contaré más adelante. Se vendrán tips para pasear por Nueva York con pequeños, lugares por conocer en Manhattan y en Long Island y todo eso acompañado de las bellas fotos de mi amiga viajera. Que si me deja, les paso el link de su página así conocen un poco el mundo de su mano a través de sus fotos. Ella capturó algunas de las fotos más lindas que tenemos con Mirula de nuestra vida. La que acompaña la portada de este post, figurará en el top 5 y ha inspirado de alguna manera este blog y su nombre. Representa todo lo que escribí al principio. La unión de mis dos sueños hechos realidad. El viaje a Nueva York me cambió por completo. Terminó de cerrar heridas del pasado y abrir puentes y puertas a un presente hermoso.

Vamos por más. Gracias por acompañarnos.

The Craft Studio

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